Pozo Solvay-Lieres

Pozo Solvay-Lieres

Lieres, Siero

La empresa química Solvay, dentro de su plan de expansión internacional plantea a comienzos del siglo XX una fábrica en Torrelavega. Para atender sus necesidades energéticas compra unos cotos hulleros en Asturias, en Lieres donde desarrollará un espacio de producción modélico, desplegando, además, una intensa política social de empresa.

La riqueza hullera de Lieres era beneficiada desde mucho antes de que la empresa belga Solvay se hiciera con estos cotos en 1903. Ya a fines del siglo XVIII Jovellanos visitaba la Compañía de San Luis, que operaba en esta área y de donde, en realidad, no se llevaría precisamente una grata impresión por haber supuesto a esta compañía mayor intensidad y capitalización...

Solvay adquiere las minas de Lieres a una compañía local pero correcta y organizada, La Fraternidad, para asegurarse el abastecimiento de hulla en la fábrica química que construía en Torrelavega y que entraría en funcionamiento en 1905. No obstante, el impulso definitivo no llegaría hasta la profundización del primer pozo vertical en 1917. A este se sumaría otro pozo más, un lavadero de carbones con entrada de un ramal de los ferrocarriles de Económicos que lo llevarían hasta su planta torrelaveguense, una central eléctrica…

El espacio de producción de Solvay en Lieres se organizaba en dos grandes explanadas: una superior, donde estaba la mina y sus dependencias más públicas; y otra inferior, destinada al lavado, la expedición de los carbones y la preparación de la madera. Una ordenación modélica que se completaba con unas cuidadas instalaciones, tanto en las oficinas, casa de aseo, economato…como en la propia báscula de ferrocarril de la plaza inferior. La maquinaria, cuidada y moderna, como los sistemas de pesado, la central eléctrica, el ventilador Aerex, la gasolinera, los magníficos y tempranos compresores Ingersoll, o, sobre todo, la primera máquina de extracción de polea Koepe de Asturias…auténticas joyas destruidas por el interés de la empresa propietaria para crear un polígono industrial- vacío aun hoy- y la absoluta nulidad de la administración cultural.

Mejor suerte corrió el espacio de residencia levantado por Solvay: el poblado de Campiello y el de La Pedrera. El primero construido a comienzos del siglo XX mirando a la mina; el segundo, de los años cincuenta, de más baja densidad, y con un increíble casino-cine hoy profundamente desnaturalizado. En definitiva, uno de los mejores ejemplos de un paternalismo industrial en el que no todo era rígido y avieso control patronal sino también un intento de mejora de la calidad de vida, donde los trabajadores pudieran desarrollar su trabajo con dignidad y, hasta cierto punto, felicidad.

Faustino Suárez Antuña

Castilletes y Casa de Máquinas

Casa de Máquinas

Poblado de Campiello