Central de La Malva

Industrias

Central de La Malva

Somiedo

El arranque de los aprovechamientos hidroeléctricos asturianos se sitúa en las décadas iniciales del siglo XX, teniendo como hito fundamental la puesta en funcionamiento de la Central de La Malva. 

Con más de un siglo de historia, La Malva es una de las centrales españolas más antiguas que aún continúa produciendo energía. Su construcción fue posible gracias a la constitución de Saltos de Agua de Somiedo en 1913, sociedad situada en el origen de Hidroeléctrica del Cantábrico, S. A., una de las principales empresas productoras del país, que contó entre sus promotores con José Tartiere y Lenegre, Policarpo Herrero y Narciso Hernández Vaquero.

Tras una serie de sondeos y estudios preliminares, la fábrica de luz fue construida en 1915, entrando en funcionamiento en 1917. Erigida en la margen derecha del río Somiedo, en el paraje conocido como La Cueva de la Malva, es esencialmente abastecida por los caudales de los ríos Valle y Saliencia, afluentes del Somiedo. Cuenta con cuatro alternadores, los dos primeros puestos en funcionamiento en 1917 y los dos siguientes en 1924. Las turbinas y los alternadores fueron suministrados por grandes firmas del sector eléctrico, como  Escher Wyss & Cº, y Brown Bovery.

El edificio de la central, que alberga la maquinaria generadora de energía, es un representativo exponente de la arquitectura industrial de comienzos de siglo. Recoge en su fachada principal el anagrama de la empresa, H.C., y la fecha de 1915, año de su construcción. Se trata de un inmueble muy cuidado en su diseño, levantado en mampostería con sillería averrugada en jambas, arcos, ángulos y soleras. Los cimientos y fundaciones de máquinas son de hormigón, así como las vigas que separan los huecos de las fachadas. Los amplios ventanales que perforan los muros inundan de luz el interior. Consta de dos naves adosadas, ambas con cubierta a dos aguas: la primera sirve como sala de máquinas y se desarrolla a menor altura; la segunda, organizada en cuatro pisos, es destinada a alojar equipos eléctricos. Se disponen asimismo diversas dependencias de administración, talleres y servicios. 

El interés de La Malva viene motivado no solo por la prolongación de su actividad en el tiempo, por la singularidad y el mimado diseño del edificio de la central o por la tecnología que alberga - en muchos casos elementos originales - sino también por su extraordinario emplazamiento, en el corazón del Parque Natural de Somiedo.

Natalia Tielve García

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