Fábrica de Conservas Lis

Industrias

Fábrica de Conservas Lis

San Juan de la Arena

El desarrollo urbano derivado de la industrialización favoreció la expansión y desarrollo capitalista de la industria conservera, que venía a surtir de productos cuya naturaleza impedía pudieran llegar hasta entonces en óptimo estado a las ciudades interiores.

La extensa costa asturiana y su arraigada tradición pesquera fueron la base del nacimiento de una importante industria de conservas de pescado que proveyó primero a los industriosos núcleos regionales y luego, con la apertura ferroviaria a la meseta, al resto de España destacando Madrid como gran cliente de este tipo de producciones. Así, en 1900 Asturias ocupaba el segundo lugar, después de Galicia, en la producción nacional de conservas de pescado surgiendo fábricas de salazones y conservas en la mayoría de las villas litorales, un proceso estimulado aún más durante la Primera Guerra Mundial.

Una de las principales características de las manufacturas conserveras será la feminización de su mano de obra, suponiendo, junto con las fábricas de tabaco, uno de los principales medios de incorporación de la mujer al trabajo fabril en las décadas iniciales del siglo XX.

Uno de estos enclaves fue San Juan de La Arena, donde ya a comienzos del siglo funcionaban dos plantas conserveras que aprovechaban, principalmente, la sardina y el bocarte del Cantábrico y a las que se irán sumando varias más. Pero será la Fábrica de Conservas Lis la que destacamos aquí por lo singular del edificio que la albergó, que estuvo en activo hasta los noventa aunque para otros usos bien diferentes del conservero. Concebido en origen como hotel y casino, lo que luego sería Conservas Lis aún pasaría por otros usos, como cine y sala de baile o iglesia, antes de adquirir una función industrial tras la guerra civil. Se trata de un edificio de mampostería encalada al exterior y vista en los sectores interiores, donde se aprecia el encintado de los vanos con ladrillo. Organizado en dos alturas y distribuido en dos volúmenes- uno de ellos ocupa una esquina- conectados por una terraza, constituye un ejemplo inusual en este tipo de instalaciones, que presentan casi todas cierta severidad constructiva. 

Faustino Suárez Antuña

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